Por: Bache3000
En la Argentina hay 2,5 millones de jóvenes de entre 25 y 35 años que siguen viviendo en la casa de sus padres. Son el 37% de esa franja de edad, más de uno de cada tres. Y casi la mitad de ellos, 1,2 millones, vive además en hogares con algún tipo de déficit habitacional.
Los números surgen del primer Monitor de calidad del acceso a la vivienda del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina (OFAVA). Es un observatorio privado impulsado por dos cámaras empresarias del sector inmobiliario: la Asociación de Empresarios de la Vivienda (AEV) y la Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos (CEDU). El informe, publicado este mes, se basa en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC del tercer trimestre de 2025. Considera no emancipados a quienes conviven en el hogar de origen como hijos, yernos o nueras.
El mapa es desparejo. En Tucumán, el 56% de los jóvenes de esa edad sigue en la casa familiar; en Santiago del Estero y Jujuy, el 53%. En el otro extremo, la Ciudad de Buenos Aires registra el 24%. Para el observatorio, esos jóvenes representan una demanda de vivienda latente que los indicadores tradicionales no captan: no necesariamente viven en una vivienda deficitaria, pero podrían necesitar una propia. Según su estimación, esa demanda equivale como mínimo a 500.000 viviendas.
En Bariloche, la idea de una demanda que no se ve tiene antecedentes. Hace una década, un estudio sobre demanda y déficit habitacional en la ciudad, incluido en un libro de la editorial de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), ya hablaba de un "déficit invisible". Se refería a hogares que resolvían la falta de vivienda apretándose en casas que no eran precarias y que, por eso mismo, no aparecían con facilidad en los relevamientos. Según esa estimación, hacia 2015 ese componente explicaba cerca de dos tercios del déficit local.
Irse de casa, además, no garantiza vivir mejor. A nivel nacional, los hogares encabezados por personas de 25 a 34 años son los que registran el déficit habitacional más alto de todas las franjas de edad: el 52%, contra el 40,3% del total. El informe de OFAVA también vincula la emancipación con el mercado de alquileres: donde hay empleo dinámico y población que llega por estudio o trabajo, suele haber más inquilinos y menos jóvenes en la casa familiar.
Bariloche es un ejemplo claro de ese giro hacia el alquiler. El Instituto Municipal de Tierras y Viviendas para el Hábitat Social (IMTVHS) elaboró con la UNRN el prediagnóstico del Observatorio de Alquileres municipal y lo presentó en junio. Según ese trabajo, los hogares inquilinos pasaron del 17% en 2001 al 26,2% en 2022, por encima del 24% de Río Negro y del 20,9% del país. Y el alquiler tiene cara joven: más de dos tercios de los jefes de hogar que alquilan en la ciudad tienen menos de 44 años, frente a poco más de un tercio entre los propietarios.
En el mapa de OFAVA, Río Negro queda mejor ubicada que la mayoría de las provincias. En sus zonas urbanas hay 130.898 jóvenes de 25 a 35 años y 33.086 siguen viviendo con sus padres: el 25%, contra el 37% nacional. Solo la Ciudad de Buenos Aires y La Pampa muestran una proporción más baja. Además, el 86% de los que se quedan vive en hogares sin déficit habitacional. Los que conviven en hogares con déficit son 4.696, el 14%, cuando en el país esa proporción trepa al 46%.
El dato acompaña el cuadro general de la provincia, que junto con Tierra del Fuego tiene el déficit habitacional más bajo entre las provincias: el 19% de los hogares, frente al 40,3% nacional. Pero el informe no desagrega por ciudad, y en varios indicadores Bariloche se despega del promedio rionegrino.
La ciudad más poblada de la provincia, con unos 135.000 habitantes según el Censo 2022, más que duplicó su cantidad de hogares entre 2001 y 2022. Sumó más de 1.300 por año, mientras la población crecía un 45,6%. Ese ritmo, del 3,4% anual, superó al de Río Negro (2,9%) y al del país (2,2%). Tampoco dejó de construirse: las viviendas pasaron de 23.000 a 57.000 en el mismo período, más rápido que los hogares.
Para quien intenta irse, los precios tampoco ayudan. Un relevamiento de avisos de la UNRN, que el propio informe considera acotado, registró que el alquiler promedio de un departamento de uno o dos ambientes pasó de unos $800.000 a cerca de $1.000.000 mensuales entre enero y septiembre de 2025. También detectó una recuperación incipiente de la oferta.
En marzo de este año, el IMTVHS abrió la inscripción para el sorteo de lotes sociales y habilitó a personas solteras y sin hijos, que antes tenían restricciones para anotarse. Es un perfil en el que encajan muchos de los jóvenes que todavía viven con sus padres. Hubo filas desde la madrugada. Cuando cerró el plazo, a fines de junio, el Instituto estimó que los anotados superaban los 12.000.
El cruce de ambos informes deja una conclusión incómoda: que Río Negro tenga menos jóvenes en la casa de sus padres que el promedio del país no significa que en Bariloche irse sea sencillo.