Por: Bache 3000
A la Isla Huemul no se llega en colectivo ni caminando: hay que cruzar el lago. Y ponerla en condiciones exige bastante más que eso. Este miércoles, a pocos días de que arranque la primavera, una cuadrilla municipal volvió a desembarcar en la isla, ubicada a unos 8 kilómetros en línea recta del centro de Bariloche, para meterle mano a un laburo que no sale en las postales: arrancar con la reparación de los muelles y ganarle terreno a la maleza.
La jornada juntó a unas diez personas: trabajadores de la Delegación Cerro Catedral, a cargo de Gastón Muñiz, y guardabosques del Parque Municipal Llao Llao, con Alfredo Allen al frente. Lejos de los escritorios y de los actos, son los que ponen el cuerpo para que después, en la gacetilla oficial, todo se resuma en tres palabras: puesta en valor.
Uno de los frentes de batalla fue la llamada Plaza del Encuentro. Ahí despejaron cerca de media hectárea tomada por retama y rosa mosqueta, dos especies exóticas invasoras que desplazan a la flora nativa y que, cuando aprieta el calor, se vuelven combustible listo para cualquier chispa. No es un claro cualquiera: en ese sector se proyecta instalar paneles solares para abastecer de energía eléctrica a la casa de guardaparques.
En los muelles, la reparación ya está en marcha, y la inspección marcó por dónde pasa el arreglo: pisos, partes del entablonado y algunos travesaños. La tarea también se extendió a los senderos que rodean la futura casa de guardaparques, donde sigue la recuperación de los recorridos.
Hubo, además, un detalle que dice mucho. Terminado el trabajo sobre la vegetación, el personal apagó por completo los fogones que se usaron durante la jornada, como parte de las medidas de seguridad previstas. Parece un gesto de manual, pero en la Huemul vale doble: no todos los que pisan la isla tienen el mismo cuidado.
Cada verano, la isla recibe a vecinos de Bariloche y a turistas que llegan con guías no autorizados. Y no son pocos los que dejan su huella de la peor manera: grafitis sobre las antiguas construcciones y hasta fogatas encendidas en lugares no habilitados, en medio de la vegetación y en plena temporada de incendios.
Lo que se pinta con aerosol no es cualquier pared. Buena parte de esas estructuras son vestigios del Proyecto Huemul, el laboratorio secreto donde el físico austríaco Ronald Richter le prometió a Juan Domingo Perón la fusión nuclear controlada. El anuncio de 1951 dio la vuelta al mundo, el proyecto se desmoronó al año siguiente y, paradójicamente, de ese fiasco nació la semilla de lo que hoy es el Instituto Balseiro.
El fuego, justamente, es la otra gran preocupación. En esa línea, integrantes del SPLIF y de INVAP recorrieron distintos puntos de la isla para evaluar dónde ubicar una cámara de monitoreo destinada a la prevención de incendios forestales. Vueltas de la historia: más de setenta años después de aquel sueño atómico, la ciencia vuelve a desembarcar en la Huemul, ahora de la mano de una empresa barilochense y con una misión mucho más terrenal. Cuidarla.
En el marco de la gestión del intendente Walter Cortés, el Municipio lleva adelante distintas acciones para recuperar la isla de a poco, con tareas enfocadas en el cuidado del entorno y la mejora de su infraestructura. La cuadrilla está haciendo su parte, y se nota. La prueba de fuego, nunca mejor dicho, será sostener ese esfuerzo cuando llegue la temporada alta, para que la Huemul deje de ser, cada verano, blanco fácil de grafitis y fogatas truchas.