Por: Bache3000
El ingreso de vehículos de gran porte al microcentro de Bariloche volvió a instalar la discusión sobre cómo está pensada la circulación en el casco céntrico de la ciudad. La polémica se reactivó luego de que una integrante de una empresa que traslada pasajeros hasta los hoteles compartiera un video mostrando a un grupo de turistas —varios de ellos personas mayores, tras muchas horas de viaje— caminando casi tres cuadras con sus propias valijas para llegar al alojamiento.
Según explicó la mujer, la situación se dio porque las normativas vigentes ya no permiten que los micros de doble piso se detengan en las paradas convencionales del centro, lo que obliga a los pasajeros a completar a pie el último tramo del recorrido, por calles y veredas con los desniveles característicos de Bariloche.
Desde la Municipalidad, en cambio, sostienen que la restricción no es antojadiza: los colectivos de grandes dimensiones congestionan el tránsito, ocupan lugares de estacionamiento y generan problemas de circulación en una zona por la que ya circula un alto volumen de autos, motos y peatones. Un reclamo, señalan, que además es habitual entre los propios vecinos y comerciantes del centro.
El cruce expone dos lógicas legítimas y difíciles de conciliar: por un lado, la necesidad de ordenar un microcentro que no fue diseñado para el paso de vehículos de gran porte; por el otro, el impacto concreto que esa restricción tiene sobre turistas —muchos de edad avanzada— que llegan a la ciudad después de largas horas de viaje.
¿Quién tiene razón? ¿Es la Municipalidad la que debe repensar el esquema de circulación y paradas del centro para no perjudicar a los visitantes, o son las empresas de transporte las que deben adaptar su logística —con vehículos más chicos o servicios de traslado de equipaje— a una ciudad que, como tantas otras con cascos históricos angostos, no está pensada para el ingreso irrestricto de micros grandes?