Por: Bache3000
Hay hombres que hablan de la ley toda la vida y un día deciden hacerla. A Martín Govetto le pasó eso. Fue fiscal en Bariloche desde 2014, cuando el Consejo de la Magistratura lo designó en el Ministerio Público. Durante años acusó, investigó, se sentó del lado de la ley que mira hacia afuera. Ahora se sienta del otro lado del mostrador, y dice que hasta para él fue una sorpresa: dice que los vecinos son los que deben reformar la Carta Orgánica. Y en esa definición realiza un tiro por elevación hacia toda la política.
"Es absolutamente distinto y lo estoy descubriendo", dice, y no lo dice para quedar bien. Antes hablaba el fiscal y contaba lo que le pasaba a otros. Ahora tiene que decir lo que piensa él, sin la estructura de un expediente que lo proteja. Es un cambio de oficio incómodo, como pasar de mirar por la ventana a estar parado en la vereda.
La propuesta le llegó de afuera, no la buscó. "Cuando hablás de sorpresa, la mía también fue cuando me lo propusieron", cuenta. Tardó más de un mes en decir que sí, y no lo decidió solo: habló con su pareja, con su familia, con sus allegados, hasta que la respuesta dejó de ser una duda personal y se convirtió en una decisión de varios. En Bariloche esas cosas pesan. Nadie se mete en política solo, aunque después firme la lista.
Y ahí está, quizás, lo que más repite Govetto cuando habla del espacio que integra: que no es una lista de políticos. "Somos todos vecinos de Bariloche que no participamos antes en política, que veíamos esto desde otro lado", dice, como si todavía le costara creer que ahora está del otro lado del mostrador. La alianza —integrada por La Libertad Avanza, el PRO, Bariloche Unido y Creo Río Negro— lo remarca desde que presentó los primeros seis nombres de una lista de treinta: ninguno de sus candidatos ocupa hoy un cargo público ni cobra un sueldo estatal. Y si algo prometen, es abandonar por dos meses su trabajo y su profesión —sin cobrar por eso— para sentarse a escribir la Carta Orgánica de la ciudad. Abogados, vecinos, profesionales que dejan la agenda propia por la de todos. Así lo venden, al menos.
Encabeza esa nómina rumbo al 1° de noviembre, y trae del Palacio de Justicia una bandera que piensa clavar en el Concejo: la ficha limpia.
"Necesitamos gente honesta, necesitamos gente que demuestre la calidad de personas que son, que no están involucrados o estuvieron involucrados en causas penales, que no cometen delitos. Algo tan simple como eso", dice, y en Bariloche esa frase no suena a slogan de campaña, suena a algo que un fiscal aprendió mirando expedientes durante años.
Sabe que no es una idea nueva. Sabe también que casi nadie más la lleva a esta elección. Y cuando se le pregunta qué mensaje le deja a los barilochenses de cara a una elección donde, como siempre, se espera que la gente participe poco, no elige el discurso solemne. Elige el recuerdo. Se acuerda de la primera vez que votó, de lo que sintió. "Es una responsabilidad cívica, pero también un derecho que hay que ejercer", dice. No alcanza con tomarlo como una obligación. Hay que ir, aunque moleste, aunque incomode, aunque haya que sacar un rato del día para algo que en apariencia no cambia nada. "Es súper importante para todos, para el vecino también, para el otro también. No es solo para uno, es para todos."
Quizás ahí esté la clave del personaje: un fiscal que dejó de acusar para proponer, y que en el fondo sigue pensando como abogado de pueblo chico, donde todos se conocen y todos, tarde o temprano, tienen que rendir cuentas. El 1° de noviembre se sabrá si Bariloche lo escucha.