Por: Bache3000
Este lunes el barrio Península San Pedro sumó un capítulo más a esa vieja épica municipal de la obra que avanza a fuerza de mezcladora y voluntad política: comenzó el hormigonado de la futura sede vecinal, con la Junta del barrio ya soñando con el día en que deje de reunirse donde puede para reunirse donde debe.
La jornada tuvo su cuota de esfuerzo bien terrenal —literal—: 12 metros cúbicos de hormigón llegaron en camión mixer hasta la obra, pero el terreno no dio tregua y los trabajadores tuvieron que trasladar el material en carretillas hasta cada sector de la estructura para poder ejecutar la platea y las vigas de encadenado. Nada de maquinaria last-gen resolviendo todo solo: acá se sostiene con espalda.
Antes de llegar a este punto, el equipo de obra ya había limpiado y preparado el terreno, aportado material para elevar el nivel del futuro edificio, instalado el obrador y armado hierros, fundaciones y encofrados. Es decir, meses de trabajo silencioso para que ahora, por fin, el hormigón empiece a tomar forma de edificio.
Y de edificio no cualquiera: la sede tendrá unos 60 metros cuadrados en una sola planta, con cocina, salón de usos múltiples, hall frío y tres baños —incluido uno adaptado para personas con discapacidad—. Contará con electricidad, agua fría y caliente, y hasta la chance de conectarse a la red de gas. Un combo que en Bariloche, para cualquier junta vecinal, suena a lujo asiático.
Lo que sigue ahora es levantar paredes, tirar instalaciones, revocar y poner el techo. Mientras tanto, la Junta Vecinal de Península San Pedro ya empieza a imaginar reuniones, talleres y actividades para vecinos de todas las edades en un lugar que, por primera vez, será propio. El Municipio, de paso, suma otro ladrillo —bien literal, esta vez— a su relato de presencia en los barrios.