martes 22 de septiembre de 2026 - Edición Nº586

La ley y el orden | 22 sep 2026

¡Quedó el plumerío!

Quiso hacerle la cruz a una pollería en Facebook y la Justicia le hizo pagar el pato (bah, el pollo)

18:47 |Una mujer libró una guerra digital contra una pollería acusándola de alimentar gatos y chimangos con restos de pollo, la Justicia revisó las pruebas, no encontró ni una pluma de sustento y ahora la condenó a indemnizar a los dueños y a publicar la sentencia en el mismo grupo de Facebook donde metió la bocha.


Por: Bache3000

Che, ¿se acuerdan cuando decían que Facebook es el nuevo patio de la vecina chusma? Bueno, en Bariloche una señora se lo tomó muy en serio. En un grupo con más de 12.000 personas empezó a tirar munición gruesa contra una pollería: que si le daban de comer a los chimangos, que si esos bichos después iban a ensuciar las casas de al lado, que si las ratas, que si la higiene dejaba bastante que desear. Ah, y el infaltable combo de cierre: los tildó de "gente desagradable". Directo al hueso, como quien no quiere la cosa.

Los dueños de la pollería, que capaz esperaban que todo quedara en un comentario más del barrio, decidieron ponerse serios: fueron a un escribano a dejar constancia de todo (nivel "esto lo guardo para la Justicia", modo detective de barrio activado) y después directamente a tribunales. Pedían una indemnización y que la mujer publicara lo que dijera el juez en el mismo lugar donde había armado el quilombo.

Y acá empieza lo mejor: la mujer se defendió con una anécdota digna de infomercial. Contó que estaba en el patio de su casa con una amiga cuando —plot twist— un chimango les tiró un pedazo de pollo cerca. Ella lo interpretó como prueba irrefutable de que la pollería alimentaba pajaritos. El juez, spoiler, no compró el argumento. Ni ese ni el del testigo que juró haber filmado al dueño dándole de comer a las aves: cuando revisaron el video resultó que no se veía ni se escuchaba nada, solo un enjambre de chimangos sobrevolando la zona como si fuera una escena de Los Pájaros pero con menos presupuesto.

Tampoco ayudaron las denuncias que la mujer había hecho ante el municipio: resultaron nulas, sin multas ni sanciones a la vista. O sea, ni la Justicia ni el municipio encontraron una sola prueba de que la pollería estuviera haciendo algo raro con sus residuos, su higiene o sus productos.

El juez fue clarito: reclamar y denunciar está bien, para eso están los organismos correspondientes. Pero cuando uno sale a los tiros en un grupo de Facebook con 12.000 personas mirando, calificando a alguien de "desagradable" y poniendo en duda cómo hace su comida sin tener nada concreto para probarlo, ahí la cosa cambia. Porque para esa gente, esa pollería no es un meme: es el laburo con el que pagan las cuentas.

Resultado: condena a indemnizar a los comerciantes, más intereses desde que empezó el escándalo hasta que se pague. Y la cereza del postre: tiene diez días, una vez notificada, para publicar la sentencia en el mismo grupo de Facebook donde arrancó todo. Si no lo hace, la Justicia ya avisó que puede haber sanciones económicas extra. Eso sí, el fallo todavía puede apelarse, así que la última palabra capaz no está dicha.

Moraleja del corral: antes de salir a criticar en las redes, mejor medir bien las palabras y tener los fundamentos a mano. Porque en Bariloche, lo que se escribe en Facebook puede terminar en tribunales, y ahí los chimangos no van a salvar a nadie.

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