Por: Bache3000
Viernes a la tarde en Bariloche. Ya pasó la apertura, ya pasaron los nervios del primer día, y el festival entró en esa etapa intermedia donde el público empieza a moverse solo, sabiendo a qué sala ir y qué no se puede perder. Es la Patagonia mirándose en pantalla, otra vez, en la 14° edición del FAB, una iniciativa de la Secretaría de Cultura de Río Negro.
Charlar con Diego Carriqueo, director artístico del festival, es entrar directo a la cocina del asunto. Nada de discurso institucional: habla como alguien que todavía está adentro del proceso, procesando en caliente. Lo compara con un asado —ya está todo comprado, ya invitaste a todos, ahora solo queda que la mesa funcione— y ahí aparece algo que cualquiera que haya laburado en un rodaje reconoce enseguida: la distancia entre la lectura inmediata, la que pasa en el momento, y la lectura en frío, la que viene después, cuando hay que sentarse a corregir, reforzar, modificar. "Uno hace y aprende", resume.
Detrás de esa mesa hay un equipo de unas 30 personas que Carriqueo define, sin vueltas, como "hermoso y sobre todo humano". Y ahí es donde se le nota el entusiasmo real: en las caritas de los jóvenes. Porque el prejuicio siempre está a mano —que ya está todo inventado, que no hay nada nuevo para hacer, que la juventud está en otra— y el FAB, edición tras edición, lo desmiente con hechos: pibas y pibes de distintos puntos del país, de Uruguay, de Chile, llegando a Bariloche a mostrar lo que filmaron.
Hay una palabra que Carriqueo elige con cuidado. No le gusta hablar de "batalla cultural" —la carga bélica no le cierra, ni las armas ni la guerra tienen lugar ahí— pero sí se anima con "trinchera". Una trinchera sin fusiles, sostenida por una comunidad que banca, que llena las salas, que vuelve. Y esta semana, con las salas llenas, dice que esa trinchera ya dio una pelea ganada.
En Bariloche
En Villa La Angostura (satélite)