Por: Bache3000
Llovía en Bariloche y eso, en esta ciudad, no es una novedad sino una costumbre. Alejo Ramos Mejía caminaba por una galería del centro con las manos metidas en los bolsillos y el paso de alguien que ya sabe que lo van a interrumpir cada dos metros. Es candidato del Frente Renovador, en alianza con SUR y Unidad Popular (Alianza +Bariloche Sur), y esta es, dijo, la primera batalla que da su partido en la ciudad.
—¿Por qué elegiste esta elección y no otras que ya ha habido para probar el partido? —le preguntó, Bache3000.
—Primero por el compromiso que tenemos con Bariloche. Somos gente de Bariloche y creemos que el diseño y los acuerdos vinculados a los próximos veinte años, tenemos que participar y ser protagonistas de lo que viene —dijo, sin apurar el paso ni la respuesta.
Hablamos de las propuestas que se repiten entre partidos, de que hay coincidencias y eso, para él, no es un problema sino casi un alivio: la reforma de la carta orgánica va a necesitar votos, y los votos necesitan acuerdos. Después llegó Costas Libres, la bandera con la que arrancó la charla antes de que se prendiera el grabador: una ordenanza que él mismo redactó cuando era concejal, aprobada por unanimidad, que le devuelve a Bariloche los treinta y cinco metros de restricción al dominio sobre la costa que el Código Civil había recortado a quince. Ahora quiere llevarla a rango de carta orgánica, y de paso extenderla a los senderos y picadas que se usan para caminar o correr.
—¿Qué pasa con el que no cumple? Porque hay mucho alambrado todavía —le dijimos.
—El Ejecutivo es la autoridad de aplicación de eso —respondió, y agregó que la idea es fortalecer los espacios comunitarios, no perseguir a nadie con un metro en la mano.
Ahí nomás, caminando, apareció el segundo tema, uno que no suele aparecer en boca de los candidatos locales: la seguridad. Ramos Mejía propone una unidad con rango de carta orgánica que coordine lo que la ciudad ya tiene —el centro de monitoreo, Defensa Civil, la flamante guardia municipal— aunque reconoce, con la prolijidad de abogado que no pierde ni caminando bajo la lluvia, que la seguridad pública es competencia de la provincia. Lo que quiere es que el municipio deje de mirar para otro lado.
Le pregunté por qué no fueron con el resto del peronismo local, y ahí bajó un poco la velocidad.
—Nosotros tenemos una alianza con otras fuerzas locales, con una propuesta netamente barilochense. Con el resto de las fuerzas políticas no hemos tenido ni diálogo ni convocatoria —dijo, y aclaró que del otro lado están SUM, el partido que supo conducir el exintendente Alberto Icare, y Unidad Popular, un espacio sindical.
Le pedí que hablara sin casete, sin la textura de comunicado que a veces le sale a los que hacen política hace rato.
—Yo hago política, lo llevo en la sangre. Es un tema de sangre, familiar también. Pero también ejerzo la profesión. Crié a mis hijos acá, soy de acá —dijo, y ahí sí, por un momento, dejó de sonar a folleto.
De la gestión actual rescató la obra pública, aunque con reparos: dijo que al Ejecutivo le costó el primer año pero que ahora, con el asfalto llegando a los barrios, algo se está acomodando. Y enseguida cambió de tono, como si eso fuera el prólogo de lo que realmente le importaba: el trabajo. Habló de la inteligencia artificial redefiniendo la producción, de una Argentina donde la industria, el comercio y la construcción están en crisis, y de una Bariloche que tiene que priorizarse a sí misma antes de que sea tarde.
—Nadie está hablando de cómo vamos a hacer para que nuestros pibes tengan laburo —dijo, y caminaba mirando el piso mojado de la galería, no a la cámara.
Quiere que eso deje de ser una expresión de deseo y se convierta en una obligación para quien contrate con el Estado: prioridad a la mano de obra local, a las pymes, algo escrito y no una promesa de campaña con fecha de vencimiento.
Y entonces, en medio de esa frase sobre el compre local, sin que viniera demasiado a cuento, le pregunté si jugaba al ping pong.
—Jugaba —dijo.
—¿Sos bueno?
—Zafaba.
—¿Sos capaz de apostar que podés ganarme cinco puntos seguidos?
—¿A vos? A vos te gano.
Había una mesa ahí nomás, en un local de la galería, entre un cartel de fútbol tenis a dieciséis mil pesos la cancha y uno de ping pong a catorce. Le pedimos al dueño que grabara unos puntos.
—Es candidato a convencional —le avisamos.
—Ah, muy bien —se rió el hombre—. Voy a hacer lo mejor que pueda.
Ramos Mejía se puso serio un segundo, el único segundo serio de toda la charla.
—Te jugás tu campaña acá, ¿eh? Mirá que si la gente te ve... —le advertimos.
—Poca cosa —dijo, ya con la paleta en la mano—. Hago otro tipo de deportes, y en algún video que subí hablo del tema. El deporte es esencial para la construcción de una ciudad. Cuando un pibe está en un club, no está en la calle.
Fue, quizás, el argumento político más honesto de toda la caminata: dicho con una paleta en la mano, a punto de perder.
Y perdió. Ocho a tres, sin atenuantes. "Capaz que termine siendo muy choto el desempeño", había avisado antes de arrancar, como quien pide disculpas por adelantado. Al final, ya con el marcador cerrado, le pregunté qué se sentía haber sido derrotado.
—¿Eh? —se rió—. Falta la revancha.
Le insistí que había sido una actuación digna, y él no lo dejó pasar:
—De todas maneras, tiene que haber revancha, si no...
—Hay revancha, pero bueno...
—Bueno, si me avisás un par de semanas, revancha.
—Hace muchos años que no juego. Pero cuando uno tiene el fuego sagrado, lo tiene.
—Sí, así es —dijo, y se rió otra vez—.
Le preguntamos a un vecino que pasaba si una derrota en ping pong significaba algo para las convencionales.
—Eso no es parámetro —sentenció el hombre, sin dudar, como si lo hubieran preparado para la pregunta.
Ramos Mejía sonrió, aliviado. Después volvió, casi sin que se lo pidieran, a la propuesta de un fondo permanente de obras, a la representación por regiones, a la discusión de si Bariloche necesita un mandato más largo sin reelección en lugar de un ballotage que, para una ciudad de este tamaño, dijo, "es como demasiado". Habló en serio, con la costumbre de quien arma discursos hace años. Pero antes había perdido siete a tres bajo un techo de chapa, mientras afuera seguía lloviendo, y esa imagen, la de un candidato buscando la revancha que todavía no llegó, dijo de él Este 1 de noviembre la tendrá.