Por: Bache3000
Pablo Noves conoce de memoria la vereda de Moreno y Urquiza porque la pisó, la reclamó y la hizo viral. Asegura que hoy está exactamente igual que aquel día de julio, cuando integrantes de Los Búhos relevaban el estado de las veredas del centro de cara al debate por la Carta Orgánica y el comerciante Enrique Vitale los filmó mientras les gritaba y cuestionaba su presencia, con comentarios discriminatorios hacia el propio Noves.
Ahora, cada vez que camina por el centro, algún vecino lo frena para preguntarle por el caso: "Me dicen: ¡ah, vos sos del otro día del viral! ¿Y en qué quedó? Y yo les digo: no, nada, sigue todo igual".
Pasaron tres meses en los que hubo video, repudio y hasta una sentencia, pero la mesa sigue en su lugar, el banner también y la estructura no se movió un centímetro. "Es como si no hubiéramos hecho nada", resume el director de la Asociación Civil "Los Búhos".
Lo que más lo irrita no es solo lo que le toca a él, porque según explica el problema alcanza a cualquiera que quiera caminar por ahí. "No es solamente para las personas no videntes, es para cualquier usuario que puede transitar por ahí. Se le complica a todo el mundo", insiste. El cochecito, la silla de ruedas, el abuelo con bastón, el que camina apurado: todos esquivan lo mismo.
Tampoco olvida las acusaciones que recibieron cuando el caso explotó, esas que decían que le hacían prensa al juez de faltas y que eran todos amigos de Gustavo Contín. "Nada que ver, no es eso. Estamos visibilizando algo que es visible a la vista", se planta.
Después plantea lo que, para él, debería ser obvio: "¿Cómo va a ser que yo tenga el frente de mi comercio y se me ocurra armar un balcón sobre la vereda? La vereda es pública. La vereda es para todo el pueblo".
Para Noves, la esquina es mucho más que una esquina, porque la ve como el síntoma de una ciudad donde los reclamos se pierden en el camino. "Cuando me preguntan cómo veo Bariloche, sigue estando en el mismo pozo", dispara, y lo define como "algo más que queda sin resolverse".
Ya se imagina lo que viene con la llegada de la primavera y el verano, cuando la vereda se llene de gente comiendo afuera y todos pasen frente a lo que el colectivo de la discapacidad reclamó. Su balance es el de alguien que gritó y no recibió eco: "Acá todo sigue en cero. Estamos como si nadie hubiera hecho un reclamo".