Por: Bache3000
Con un nombre que ya es una declaración de principios, el Centro de Abuelos "Viejos son los Trapos", un espacio comunitario de encuentro, contención y acompañamiento para adultos mayores del barrio Martín Miguel de Güemes, cumplió once años y lo festejó junto a otros centros de la ciudad. El cumpleaños propiamente dicho fue el 21 de septiembre, según contó Mónica Murua, "Moni" para todo el barrio y una de las creadoras del lugar.
Moni convocó con emoción y alegría a "No me olvides", "Manitos Luchadoras" y Amanecer, y lo que arrancó como un cumpleaños terminó siendo un encuentro de abuelos y abuelas de distintos rincones de Bariloche, mezclados, charlando y disfrutando juntos. Al tomar la palabra agradeció a quienes la acompañan, desde su marido, que andaba entre el público, hasta las vecinas que se sumaron al grupo este año, y recordó lo que cuesta sostener un espacio así. "Siempre hay que luchar para llevar un grupo" y "a veces hay que tocar las puertas", sostuvo.
La jornada incluyó además premios y agradecimientos, y dejó en evidencia que detrás de estos centros hay una red de mujeres que se sostienen entre sí y que reconocen a quienes las acompañaron desde el principio.

La más reconocida de la tarde fue Norma Gómez, dirigente a la que el grupo eligió como madrina porque, según explicó Moni, necesitaban una y no había nadie mejor que alguien que "siempre está". En nombre de todos habló una de las adultas mayores, que contó cómo Norma pasó de visitarlos de a ratos a venir con frecuencia.
"Trabaja con nosotros, teje, toma el tecito", dijo, y la definió como "una madre del grupo". Remarcó además que Norma nunca se sube a un escalón por encima del resto y que siempre está haciendo bromas, una forma de ser que, aseguró, no abunda.

Más allá del festejo, lo que se nota es la fuerza de Moni y de las mujeres que asisten, que disfrutan del espacio y se integran cada vez más a las actividades de la ciudad. Muchas de ellas, por ejemplo, ya van a la pileta con el Municipio, una muestra de que estos lugares que nacen y crecen en los barrios ofrecen encuentro, contención y acompañamiento, y también una puerta de entrada a la vida comunitaria.
Once años después, los trapos siguen siendo viejos y la fiesta sigue siendo joven.