Por: Bache3000
Frente al edificio de la Escuela 152, con la tranquera cerrada y las aulas vacías, se realizó este lunes 12 de octubre el festejo por los 90 años de la institución. Familias, vecinos, estudiantes, ex alumnos y ex alumnas, representantes sindicales de UNTER y ATE y organizaciones civiles acompañaron la jornada. Monseñor Juan Carlos Ares, obispo de Bariloche, bendijo la ceremonia y planteó no quedarse en la nostalgia, sino ver que lo que sostiene a esta comunidad es el amor.
La comunidad de Cerro Alto volvió a convocarse frente al edificio, en lo que fue el tercer encuentro de este tipo, para visibilizar la situación de la escuela, cerrada por decisión del gobierno provincial. Según manifestaron desde la organización, la causa de fondo es el desarraigo y la expulsión de la vida rural, que, a su entender, se da a costa del derecho de los niños y niñas a educarse en su territorio y cerca de sus familias.
Un festejo con velitas y un pedido
Desde la organización indicaron que habían invitado con anticipación al gobernador y a otros representantes. Ningún funcionario ni autoridad provincial se presentó, pero Weretilneck envió una nota protocolar en la que excusó su ausencia: “Les deseo una hermosa celebración, llena de recuerdos, emociones y alegría compartida”, expresó.
Las familias agradecieron el gesto y le pidieron al gobernador que los reciba personalmente para dialogar y que se revise la decisión del cierre.
Durante el festejo, los presentes se definieron como un colectivo “triste pero que al mismo tiempo se niega a rendirse”. Y recordaron: “Esta siempre fue una comunidad que plantó bandera: cuando nos quisieron sacar el transporte semanal, cuando fue lo de las cenizas y los tres años en Paso Flores, cuando nos mandaron un año a Villa Llanquín”.
“Esta escuela nos dio amor y recibió amor”, dijeron, y cerraron con un deseo: “Ojalá que la próxima vez no haya un candado, sino que podamos entrar”.
Hubo velitas, y ex alumnos, ex alumnas y actuales estudiantes cantaron el feliz cumpleaños. La campana no tocó y el patio solo pudo verse de lejos, vacío.
