Por: Bache3000
Se suponía que Bariloche iba a ser el cierre de una etapa, el recuerdo compartido de todo un curso, la postal que se guarda para siempre, y para una adolescente de 17 años terminó siendo una pesadilla que hoy se discute en todo el país. Lo que más indigna no es solo lo que pasó, sino cómo se cuenta, ya que quien lo narra es una de las que estuvo ahí, y lo hace riéndose, como si hablara de una anécdota graciosa y no del sufrimiento de otra persona.
El video no lo subió una víctima ni un testigo preocupado. Lo grabó una joven que formó parte del episodio, que lo recuerda con total naturalidad y que, mientras habla a cámara, reconoce que se pasaron de la raya y aun así sigue agraviando a su compañera frente a quienes lo vean.
Según el registro, varias alumnas rodearon a la adolescente durante una actividad del viaje y la increparon frente a otros estudiantes, con burlas por su aspecto y su cabello, y con referencias a un video de contenido sexual, en alusión al material íntimo que, según se investiga, habría circulado antes entre compañeros. Es decir que a una chica que ya venía golpeada por la difusión de imágenes suyas la volvieron a exponer, esta vez cara a cara, en un viaje que era de todos.
La autora del video admite que la situación se les fue de las manos con un “La verdad que nos fuimos medio al choto”. Pero el reconocimiento dura poco, porque enseguida vuelve a lanzar un agravio contra la chica, como si el arrepentimiento no le alcanzara ni para terminar la frase.
Relata además que la adolescente lloró y pidió que pararan, y que fueron algunos compañeros los que tuvieron que intervenir con un “Ya, ya, se están yendo al choto, paren”. Hubo que pedirles a gritos que frenaran a un grupo que no se detenía solo, mientras una compañera lloraba rogando que terminara.
Después, los coordinadores del viaje se reunieron en la habitación de la alumna agredida, y la autora cuenta que la madre de otra estudiante habló de un “brote psicótico”. Ahí es donde el relato se vuelve más perturbador, porque la joven egresada se refiere a ese cuadro entre risas, pide disculpas a quienes atraviesen problemas de salud mental, como si con eso alcanzara, y suelta un “Yo estaba tentada”. Explica que le generaba satisfacción el mal que estaba pasando su compañera. Una adolescente en crisis, y del otro lado alguien que se divertía con eso y que décadas de campañas contra el bullying no lograron que se frenara ni a la hora de grabarlo.
El video salió a la luz cuando una persona accedió a una publicación que la alumna había reservado para su lista de “mejores amigos”. Era un relato pensado para unos pocos, para reírse entre cómplices, y terminó expuesto ante todo el país.
Lo de Bariloche no habría sido un hecho aislado. De acuerdo con lo que se informó, antes del viaje la adolescente ya habría atravesado otras situaciones de maltrato entre compañeros. Tres estudiantes habrían entrado sin permiso al celular de la víctima y obtenido material íntimo que después circuló entre alumnos, el mismo al que se hizo referencia durante la agresión. Dos de los jóvenes que viajaron a Bariloche fueron denunciados por esos hechos.
Por eso hay dos expedientes distintos en la Justicia catamarqueña. En el primero, a cargo del fiscal Penal Juvenil Guillermo Narváez, tres adolescentes están imputados por la presunta producción y difusión de imágenes íntimas de una menor de 18 años. Las defensas plantearon nulidades que fueron rechazadas, aunque uno de los abogados apeló. Marcos Gandini, defensor de uno de los jóvenes, sostuvo que no se acreditó que su representado haya recibido o distribuido el material, algo que corresponde a la posición de la defensa y no a una resolución judicial.
En el segundo, la fiscal Paola González Pinto investiga los episodios de hostigamiento, entre ellos los denunciados durante el viaje a Bariloche. La Justicia deberá determinar si las agresiones estuvieron a cargo únicamente de la joven que aparece en el video o si hubo otros estudiantes involucrados, y si existió una afectación psicológica de la víctima con relevancia penal. El bullying, por sí solo, no es una figura penal autónoma en el Código Penal argentino, pero determinadas conductas vinculadas pueden investigarse si reúnen los elementos de un delito.
El Ministerio de Educación y Trabajo de Catamarca intervino y le exigió al colegio un informe sobre lo ocurrido y las medidas adoptadas, además de un plan de protección y continuidad pedagógica para los estudiantes involucrados. Esa intervención tiene un alcance distinto al judicial, ya que busca evaluar el rol de la institución y resguardar a los alumnos, sin reemplazar la investigación penal ni anticipar sus conclusiones.
En las redes sociales el caso es furor y el debate no se frena. Los usuarios discuten qué hacían los adultos que acompañaban el viaje, qué responsabilidad les cabe a los colegios y a las agencias, y sobre todo cómo puede ser que una adolescente cuente una agresión contra una compañera y se ría de su sufrimiento sin ningún pudor. El video dejó de ser solo una prueba y se convirtió en un espejo incómodo sobre cómo se naturaliza la crueldad entre jóvenes. Bariloche, destino elegido por miles de egresados cada año, queda otra vez en el centro de una discusión que excede a la ciudad y que interpela a familias, escuelas y organizadores de viajes.