Por: Bache3000
Había llovido todo el día y la gente llegó igual. Se acomodaron contra las paredes, en los pasillos, en la puerta del fondo, con las camperas todavía húmedas y el mate en la mano, como quien va a ver un partido que no sabe si va a ser bueno pero no se lo quiere perder.
Arriba, el techo de madera a dos aguas. Abajo, un telón rojo de terciopelo que le daba al salón del CRUB un aire de teatro de pueblo. Y en el escenario, los candidatos a convencionales sentados en sillas azules, en el orden exacto de la boleta única, como si la elección ya hubiera empezado.
Había dos sillas vacías. Una era de Estamos Haciendo Bariloche, la otra de Sumar Más Bariloche. Las moderadoras las nombraron igual, para que quedara claro que no era descuido de la organización sino ausencia de los invitados.
Abrió el decano del Centro Regional Universitario Bariloche de la UNCo, Marcelo Alonso. Habló de la Universidad de Río Negro, de la Tecnológica, del Balseiro y del CONICET, que se habían juntado para armar la convocatoria, y dijo que era fundamental que cada vecino pudiera escuchar antes de votar.
Avisó que al día siguiente, a las cuatro de la tarde y en el mismo lugar, habría otro debate, esta vez sobre ambiente. Y devolvió el micrófono sin estirarse, que en estos tiempos ya es una forma de cortesía.
Después vinieron las reglas. Tres minutos por candidato. Un cartel levantado cuando faltara un minuto. Una chicharra para el final. Una cuenta regresiva en la pantalla de la computadora.

Las preguntas del público, anónimas y por escrito, las recogerían Evelyn, Martín y Celeste, que recorrían la sala repartiendo papelitos y biromes. No habría preguntas a mano alzada. "Hagamos matemática, no da", explicó una de las moderadoras. Nadie discutió. Contra la aritmética no hay campaña que valga.
El primero fue Osvaldo Nemirovsci, del Movimiento Vecinal por Bariloche. Habló como hablan los que ya estuvieron en muchas tribunas: con calma y desde arriba. Explicó que una Carta Orgánica tiene una parte dogmática y otra instrumental, y que a él le interesaba la primera.
Propuso inscribir el concepto de comunidad integrada para una ciudad partida entre un Alto desprotegido y un centro para visitantes que ya se estiró dos o tres kilómetros hacia el oeste. Pidió que la renta del turismo, que sale de un paisaje que es de todos, se reparta de otro modo. "Nada de derrame. Equilibrio distributivo y justicia social".
Cuando le avisaron que le quedaba un minuto, protestó que el cartel se lo habían levantado tarde, y la chicharra le dio la razón a las moderadoras. Se vengó en la ronda de preguntas, con una sonrisa: "Ya que tengo un poco más para los tres minutos, no como antes, que me chicharrearon".

Le preguntaron por la ficha limpia y fue el único que no la abrazó. Dijo que judicializa la política, que en democracias más estables no existe y que termina dejando en manos de jueces "que no merecen el mejor de los respetos" lo que debería decidir el voto.
Recordó que la convención no gobierna sino que fija los límites del gobierno, y que se puede discutir si son once concejales o quince, pero que si no se quiebra la matriz de injusticia de la ciudad no hay modelo que aguante.
Cuando le tocó hablar de tierra, calculó entre 350 y 450 hectáreas para resolver la demanda habitacional. Apuntó contra los departamentos vacíos de los primeros kilómetros del Llao Llao y de Pioneros, "de dudoso origen del capital", y propuso un impuesto a las propiedades ociosas como el de Nueva York. "Hay que tener el coraje de cambiar esta Carta Orgánica", cerró.

Martín Govetto, de La Libertad Avanza Bariloche, empezó peleándose con el micrófono. "Hola, hola, hola". Cuando el sonido volvió, saludó dos veces, por las dudas.
Dijo que ellos no son políticos, que no vienen de la militancia ni tienen cargos electivos, que son vecinos que se juntaron a leer la Carta y descubrieron que es muy buena, pero que muchas cosas no se cumplen. Pidió que toda la ciudad participe de la convención.
Cuando le levantaron el cartel aceleró como un nueve que ve venir al defensor: no reducir el número de concejales, balotaje, no a la reelección indefinida, un Tribunal de Contralor que deje de estar a cargo del gobierno de turno, ficha limpia ampliada, planificación y descentralización. "No queremos delincuentes dentro de la administración pública".
Le preguntaron por la venta de tierras en el Cerro Catedral y fue breve: son inalienables y las va a defender, aunque advirtió que no venderlas no impide que terminen concesionadas y monopolizadas. "Catedral no se vende".

Le sobraban dos minutos y no los usó. "Voy a respetar la consigna", dijo, y la moderadora se quedó mirándolo como quien recibe un vuelto que no esperaba.
En la segunda ronda le preguntaron qué pensaba de un municipio intercultural y feminista, y respondió con su biografía: diez años de fiscal en Bariloche, siete al frente de la Fiscalía de Violencia de Género y Delitos Sexuales, "en la trinchera". Dijo que iba a ser el principal defensor de esa perspectiva en la Carta, no desde la teoría sino desde lo que vio.
Andrea Galaverna, de Fuerza Bariloche, se presentó como docente de la Universidad de Río Negro y agradeció que la universidad pública hubiera armado el debate "en estas condiciones", y todos entendieron de qué condiciones hablaba.
Describió la ciudad que le cuentan los vecinos: inaccesible, sin servicios, sin planificación, poco amable con los mayores y con las personas con discapacidad. Hizo la pregunta que después repetirían casi todos: cómo se llegó hasta acá con una buena Carta Orgánica.
Su respuesta fue la autonomía y la plata. Bariloche aporta a la provincia el 30% de sus recursos y recibe el 15%. "Con esa miseria no se puede planificar la ciudad". Pidió darles a los gobiernos futuros las herramientas para reclamar una reparación histórica.
Cuando le preguntaron cómo pensaba resolver algo que depende de la provincia, sacó ejemplos como quien saca fotos de la billetera: en Bariloche no hay ningún jardín maternal provincial y en Viedma hay cuatro, con un tercio de la población; el hospital de acá tiene igual o menos personal que el de allá.
Propuso una agencia de desarrollo para diversificar la matriz productiva, porque los jóvenes se van por falta de trabajo. Mientras hablaba se le cayó un papel, y alguien en el escenario lo anunció en voz baja, como un relator que avisa un lateral.
Para la vivienda, en la segunda ronda, propuso un fondo de primera vivienda armado con recursos que el municipio ya recauda para el Instituto de Tierras, para que los jóvenes dejen de peregrinar entre alquileres abusivos.
Rodolfo Sánchez, del Frente de Izquierda por el Socialismo, se presentó como investigador del CONICET, profesor del Balseiro y fundador del Frente de Izquierda en Bariloche. Habló de lo que falta: tierra, vivienda, trabajo.
Recordó que la Carta actual preveía un Banco de Tierras y hasta un Banco Municipal, y que nunca se hicieron. "Hay que exigir que se cumplan, porque si no vamos a escribir en el aire".
Advirtió sobre los capitales financieros que construyen miles de metros cuadrados para el turismo, se acordó de los trabajadores del estacionamiento medido y pidió que paguen los grandes capitales y las casas de juego, no los vecinos con tasas.

Para la crisis habitacional propuso obra pública y cooperativas de autoconstrucción entre vecinos, como las que ya existieron. Se acordó de "Juan, como si nada hubiera sucedido", la película sobre Juan Herman, el desaparecido barilochense, y de los dos Bariloche que aquel periodista joven recorría buscándolo. Dijo que la desigualdad sigue ahí. Pidió municipalizar el Catedral como servicio público.
En la segunda ronda le preguntaron por los pueblos originarios. Apoyó el reclamo de que el artículo 210 reconozca el genocidio del pueblo mapuche, recordó que la Carta promete un municipio intercultural y la enseñanza del mapuzungun, y calculó que entre el 80 y el 85% de sus artículos no se cumplió.
Contó que en 2015 las comunidades convocaron a los candidatos y fueron solo dos listas. Estaba hablando de cambiar el monumento a Roca por la estatua de una mujer originaria cuando le avisaron que se le había terminado el tiempo.
Aluhe Gavuzzo, del Frente de Izquierda de los Trabajadores, se presentó como bióloga egresada de esa misma casa. Fue la más dura de la noche.
Denunció una "reforma reaccionaria" del oficialismo municipal en alianza con el gobierno provincial para achicar el Concejo, bajo lo que llamó la falsa bandera de bajar los costos de la política. Propuso lo contrario: un concejal cada diez mil habitantes, y que intendente y concejales cobren como una maestra.
Habló de diez mil familias sin vivienda, de mansiones vacías y de las 400 hectáreas que harían falta para resolver el problema habitacional y que, según dijo, concentran cinco personas. Propuso impuestos a las grandes fortunas, prohibir el alquiler turístico en zonas residenciales y expropiar para armar el banco de tierras.
Le preguntaron por las casas refugio para mujeres víctimas de violencia. Dijo que hay dos, una municipal y otra provincial, chicas e insuficientes, y propuso un fondo específico y casas refugio en los barrios, conectadas con los centros de salud.
Después avisó que iba a decir algo en lo que quizás no hubiera acuerdo, y la sala aplaudió antes de que terminara: separación de la Iglesia y el Estado. Criticó que el intendente Walter Cortés cediera terrenos a dos iglesias evangélicas y la instalación de un tótem con frases de la Biblia, aclarando que respeta la libertad de culto. Pidió cupo laboral trans, ESI y colectivos con rampas.
Sobre seguridad, se plantó contra la mano dura: dijo que el problema nace de la desigualdad, de una ciudad donde según ella más del 70% no tiene cloacas. Contó que trabajó en gastronomía y turismo, donde tenés suerte si la mitad de tus horas está en blanco. Ya en su primera exposición había dejado una cuenta sencilla: necesitan cuatro mil votos para entrar.
Catalina Fonso, de Primero Río Negro, avisó que no tenía mucha voz y pidió el micrófono más cerca. También venía de la universidad pública y también dijo que la Carta está completa. Su pregunta era por qué no funciona.
Propuso una reforma política con balotaje, ficha limpia más exigencias éticas, narcotest y una justicia municipal que integre al Tribunal de Contralor; una Carta Magna Ambiental que atraviese cada ordenanza, con la inalienabilidad del Catedral, el vertedero y un GIRSU que no se aplica; y un Consejo de Seguridad Municipal enfocado en la prevención, con corredores seguros e iluminación.
Estaba en eso cuando la chicharra se murió. "Tan bien que veníamos", lamentó la moderadora. Alguien probó algo, sonó una bocina, y la chicharra volvió como vuelven los perros que se escapan: sin explicar dónde estuvo.
Le preguntaron por las personas mayores y con discapacidad, y dijo que no alcanza con un artículo declarativo: tiene que estar en los códigos urbanos y en mesas de trabajo con los propios afectados. "Yo no lo habito, pero no voy a dejar de escucharlo".
Cuando le preguntaron si la ciudad debía cobrar regalías por el turismo, contestó que le parecía una pregunta un poco simple. Habló de las cloacas que en 2016 terminaron en el lago y de los hoteles de la costa, y usó los últimos segundos para un consejo que sonó a reto: que todos, candidatos incluidos, lean la Carta Orgánica, porque muchas de las propuestas de la noche ya están escritas ahí.
Marcelo Cascón, de Acuerdo Cívico por Bariloche, dejó la frase más citable de la noche: "Nadie controla a sus amigos ni a sus socios políticos".
Por eso propuso sacar al Tribunal de Contralor de la boleta del intendente y elegir a sus miembros por concurso de antecedentes y oposición, con mandatos de seis años. Pidió lo mismo para el ente de control del Catedral, y dijo algo que no se escucha seguido en campaña: que desde la militancia política reconoce que la política no estuvo a la altura a la hora de controlar.
Propuso dividir la ciudad en cuatro distritos con dos concejales cada uno y tres más por representación poblacional, sin tocar los once, y que los órganos de participación los convoque el Concejo y no el intendente.
Le preguntaron por una tasa al turista y se mostró a favor, siempre que sea una contraprestación de servicios y no una caja disfrazada de impuesto, que es lo que según él hizo caer la anterior.
Después aprovechó para hablar del vertedero: propuso que los quince convencionales "se encierren en un cuarto" y salgan con un proyecto. "No elegimos si queremos aplaudir o no al gobernador. Elegimos la ciudad de los próximos quince años".
En la segunda ronda alguien le preguntó si el concurso para el Tribunal no era discriminatorio. Dijo que no, y repitió su frase, porque las frases buenas se repiten.
Norberto Rodríguez, de Participación Vecinal (PAVE), arrancó por lo que no son: nadie en su lista fue funcionario. Propuso un sistema parlamentario, porque un intendente rara vez supera el 30% y un parlamento representa a la mayoría, y participación vinculante para las grandes decisiones.
Pidió que no se habilite nada donde no haya agua, luz y gas, y puso de ejemplo el kilómetro 13, donde según dijo se habilitó el triple de superficie y el agua sigue sin ser potable. Contó que como docente, sin auto, viajaba del centro al Llao Llao, donde vivía, en colectivos que pasaban dos veces por día.
Le preguntaron por arte y cultura y se alegró como quien recibe un pase al pie: tiene un músico y una docente de arte en la lista. Propuso centros para la familia en los barrios, delegados elegidos por voto y seis o siete secretarías que ningún intendente pueda borrar, como Ambiente o Bienestar Social, "porque no me extrañaría que lo conviertan en capital humano".
Se enojó un poco con una pregunta que nadie le había hecho: "¿Qué gobierno no sacó la plata de una galera?".
En la segunda ronda propuso seis meses sin goce de sueldo para el funcionario que incumpla la Carta y defendió la participación vinculante porque "es más fácil corromper a uno, a diez, que a cien mil". Terminó pidiendo el voto con todas las letras. Fue el único que lo hizo.
Pablo Chamatrópulos, de Podemos Bariloche, resumió su propuesta en tres palabras: una ciudad moderna, desarrollada y transparente. Aclaró que modernidad no quería decir robots sino usar el celular para que la participación ciudadana, que la Carta promete y nunca se concretó, sea real.
Recordó que en 2007 la Carta pidió que el municipio fuera autoridad concedente de la luz y no se hizo, y que la ciudad estuvo cuatro años sin gas sin que el municipio se sintiera parte. Celebró que hubiera consenso en que los entes de control queden en manos de la oposición.
Terminó sus consignas en dos minutos y se guardó el último para la única advertencia política de la noche. Dijo que el desafío ya no era solo pensar la ciudad de los próximos veinte años sino saber si la democracia sigue vigente en Bariloche.
Habló de la intromisión del gobernador, de la violencia política en el Concejo, de las expresiones del intendente y de un candidato del oficialismo que reivindicó la dictadura. "No es un hecho aislado, es un hilo conductor". Nadie le contestó; el oficialismo no tenía a quién mandar a la cancha.
Le preguntaron por el narcotest y pidió seriedad: dijo que en una elección con trece ofertas es fácil tirar frustraciones al aire para ver quién ofrece más. Coincidió con Govetto en que la Carta no es mala y recordó que al día siguiente de reformarla nadie va a inaugurar un puente.
Volvió al celular con un argumento de almacén: si con el teléfono se puede mandar plata de Juan a Pedro sin que nadie dude, también se puede votar. Sobre la inteligencia artificial admitió que es temprano para legislarla y que quizás obligue a reformar la nueva Carta antes de los veinte años.
Lihue Bariggi, de Seamos Futuro, agradeció "sobre todo a los asesores, por estar escuchándonos". Propuso la figura de la falta grave, para que los vecinos puedan activar el juicio político cuando los controles no controlan, "porque son amigos, porque llegan todos juntos, porque como es Bariloche se conocen hace cincuenta años".
Dijo que hay que salir a defender lo que existe, y puso dos ejemplos: un director municipal que trató de "gauchos brutos" a más de cincuenta familias con generaciones en la ciudad, y las personas en silla de ruedas, que ese día de lluvia no podían estar en la sala. "Ni hoy ni nunca". Pidió basura cero y clubes de barrio en la Carta.
Cuando le preguntaron por el vertedero, sonrió: "Quien me hizo la pregunta claramente es un amigo". Contó que en 2023, como candidato a intendente, hablaba de basura cero y lo miraban raro, y que ahora todos están de acuerdo.
Apuntó a los grandes generadores sin control, como el aeropuerto, el Llao Llao y las 13.000 viviendas que podrían construirse en el Catedral, y recordó un pliego de 30 millones de dólares para enterrar la basura bajo el cerro Otto, que dijo haber frenado a fuerza de aprietes y amenazas.
La última pregunta de la noche, sobre los proyectos inmobiliarios que violan las reglas, también le tocó a él. "Otro amigo, pregunta fácil". Le hizo una chicana a Govetto: si todos coinciden en que el Catedral no se vende, entonces el único opositor va a ser el intendente.
Y cerró con una pregunta que quedó dando vueltas: "¿Qué puede saber una persona de Nueva York sobre un maitén, sobre un coihue, sobre el arroyo Casa de Piedra?".
Ezequiel Ojeda, de Nuestra Identidad Ciudadana, fue el último en hablar porque fue el último en llegar. Agradeció "por aceptarme en este grupo", como quien se suma a un picado empezado.
Habló de una justicia municipal y de control sobre las obras, porque hoy, dijo, nadie sabe en qué se gasta. "Si no hay control, nos van a llevar puestos, muchachos".
Le preguntaron por las juntas vecinales y propuso puntos de atención en el Llao Llao, el kilómetro 10 y Las Victorias, con salitas y oficinas para pagar impuestos, porque hay vecinos que tardan una hora y media o dos en llegar al centro.
En la segunda ronda le preguntaron si había que promover un cambio en la matriz productiva, pero el papelito decía "promocionar", y se armó una confusión que duró lo que dura un lateral mal sacado. "Pasame los veinte segundos, por favor", pidió. Terminó defendiendo la marca Bariloche, el chocolate, la ropa de la zona y el Catedral, que según él se vende en el mundo.
La segunda ronda se hizo con dos minutos por respuesta, porque eran las ocho y media y sobraba tiempo, cosa rara en un debate. Afuera ladraban unos perros que nadie había invitado. Más de setenta personas lo seguían por el canal de YouTube de la UNCo.
Al final, el decano pidió la palabra para agradecer a Florencia y Soledad, las moderadoras, que hicieron todo de manera voluntaria, y la sala les dedicó el aplauso más largo de la noche.
No hubo chispazos. Nadie levantó la voz más de la cuenta, nadie interrumpió a nadie, y la única chicana se dijo con una sonrisa. Los once coincidieron, casi sin querer, en una cosa: que la Carta Orgánica de Bariloche es mejor que la ciudad que se construyó con ella.
"Se ve que la democracia así se podía hacer", dijo una de las moderadoras al cerrar. La única que perdió la paciencia en toda la noche fue la chicharra.
El 1 de noviembre se eligen los quince convencionales que van a reescribir esa Carta. Cuando la gente salió, todavía con los papelitos de las preguntas en los bolsillos, ya no llovía. El salón quedó con las sillas desordenadas y dos vacías, que eran las únicas que no habían tenido nada que decir.