Por: Bache3000
Hay una teoría en Bache3000, y es nuestra, que dice que un candidato se conoce mejor con un mazo de cartas en la mano que con un micrófono en la cara. Cómo mezcla, cuánto mezcla, si miente, si tira una picardía, si se le escapa una sonrisa cuando tiene el ancho de espadas. Nadie la estudió en ninguna facultad, pero queda bien, ponele. Así que a pocos días de las elecciones constituyentes nos juntamos en un barcito de Bariloche con tres integrantes de la lista Podemos, repartimos y dejamos que las cartas hicieran el trabajo sucio.
Pablo Chamatrópulos ocupó la silla de enfrente, mano a mano y sin flor, porque, explicó, así se juega en el campo. Me miró las manos antes de mirarme a los ojos, que es lo que hacen los que saben.
—Está raro, me diste raro, ¿eh? —dijo.
—¿Por qué?
—Tenés manos raras.
Cortó el mazo y empezamos. Entre el primer envido y el primer truco le tiré la pregunta que andaba flotando en el aire de todo el pueblo.
—Quedan pocos días. ¿Cómo vienen? ¿Qué sienten?
—Venimos muy contentos, Rocío, Andrés y un equipo grande —dijo, mientras acomodaba las cartas como quien acomoda un argumento—. Tenemos muy claras las propuestas y ya hemos dicho que le estamos proponiendo a los barilochenses el sueño que tenemos de una ciudad mejor, de la ciudad que soñamos, una ciudad moderna, una ciudad desarrollada y una ciudad transparente.
Mató con un tres y yo canté truco para ver qué hacía. Quiso. Se notaba que le gustaba el riesgo del contrincante que sabe que va a perder y de todos modos lo intenta. Después largó, sin que se lo pidiera, lo que le venía rondando:
—Para mí es un momento clave para nuestra ciudad. Empezamos debatiendo sobre la Carta Orgánica y terminamos debatiendo sobre la vigencia de la democracia. Yo estoy viendo mucha presencia de dirigentes nacionales, el gobernador se metió en la campaña, el sistema político está decodificando esta elección y pensando en la elección del año que viene.
Habló de la violencia que, dijo, se apoderó de las formas en la ciudad, de los episodios en el Consejo, de un candidato a convencional que hizo comentarios sobre la última dictadura y de un intendente que dijo que le hackearon la cuenta cuando era un posteo de marzo. Para Pablo, todo eso arma un cuadro: un grupo de personas vinculadas al Estado que quiere desarmar la Carta Orgánica para que no haya controles. Mientras tanto, él esperaba mi jugada con la paciencia de un tipo que no tiene apuro.
—Podríamos decir que estás jugando con las cartas en la mesa —le dije.
—Totalmente, totalmente, sin trampa.
Le pedí algo lindo, algo que pudiera decirles a los barilochenses para que fueran a votar el domingo, y se lo pedí con la cita de Alberto Fernández en la cabeza. Pablo no se puso solemne. Dijo que el desafío era hacer una Carta Orgánica con paz, concordia, convivencia y una ciudad moderna, desarrollada y transparente. Y después fue al hueso:
—Pero nunca es razonable legitimar el uso de la violencia y legitimar el todo vale.
Cantó un envido con cara de póker y yo le dije que no. Es lo que tiene el truco: a veces el que miente es el que se queda callado.
Entonces se sumó Andrés López, comerciante de toda la vida, de acá de Bariloche, que debutaba en esto de la política y en esto de jugar delante de un grabador. Los vinos que nos vendió esa tarde le dieron fama de buen sommelier, y lo certifico. Le pregunté cómo se sentía en este ambiente.
—Tal cual, sí. Primera experiencia —dijo, con la sonrisa de los que todavía no aprendieron a esconderla—. Muy, muy linda recepción del partido, de Pablo, de las propuestas, de Rocío, de todo el equipo.
Le pregunté qué propuesta, desde la mirada de un ciudadano, le parecía interesante para Bariloche. Habló del salto de calidad y de que los próximos 20 años sean cada vez mejores. Rocío, desde un costado, le acercó el dato que lo hacía distinto: la lista Podemos es la única que propone votar desde el celular. Andrés asintió y volvió a las cartas, porque yo ya estaba cantando truco.
—Quiero —dijo.
Tenía el ancho de basto y yo, que lo vi con cara de nada, quise pensar que mentía. No mentía. Perdí esa mano y me lo mostró entero, para que viera que no, que no mentía.
—Pablo, esto es un vaticinio —le dije al de enfrente—. Yo vengo picante.
—Yo vengo picante —me contestó él, devolviéndome el chiste—. Perdí uno solo. Le tengo fe tanto a la partida como al primero en la lista.
Con Rocío Arriagada no jugamos al truco. Es colega, periodista, nos conocemos de antes, y entre periodistas se sabe cómo termina el truco: con alguien mintiendo y el otro sabiéndolo. Fuimos al chinchón, que es un juego más tranquilo, donde nadie miente porque nadie tiene con qué. Mientras armaba el mazo le pregunté si le había costado el paso del periodismo a una lista, porque en general los periodistas no participamos.
—Hay un compromiso social que siempre tuve —dijo—. Con Pablo vengo trabajando desde hace muchos años, hemos recorrido varios barrios, hemos visitado varios vecinos. Lo que me motivó fue ver las necesidades de los vecinos, y ver que muchos no podían acceder a un servicio básico en nuestra ciudad, como el gas.
Fue un desafío, admitió. Venía de estar siempre del otro lado y ahora estaba de este, con la responsabilidad que eso pide. Le pregunté entonces por la Carta Orgánica actual, de la que todo el mundo dice que no es tan mala y que lo que falla es que muchas cosas no se aplicaron. Rocío no se fue por las ramas:
—Es nuestra carta magna, es como nuestro código. No podemos andar por la vida haciendo lo que queramos y no tener una consecuencia. Que haya una normativa y no se cumpla, me parece que no estamos yendo por un buen camino.
Pablo, que seguía el chinchón con un ojo y la charla con el otro, pidió la palabra para hablar de servicios públicos. Dijo que la Carta Orgánica de 2007 lo mencionó tímidamente y que hay que mandar a la provincia a derogar una ley para que el municipio sea autoridad concedente. Para él no alcanza con el voluntarismo ni con que el tema quede escrito: hay que declarar de manera expresa la pertinencia de la gestión local en agua, luz y desagües, y eso, aclaró, es jurídicamente factible. Cuando una Carta Orgánica decide de manera autónoma que los servicios públicos son parte de su injerencia, cambia el estatus funcional de la ciudad. Lo dijo sin levantar la voz y bajando una carta, como el que sabe que la partida se gana en el último descarte.
Cortamos el chinchón y ganó Bache, aunque Rocío avisó que se viene la revancha.
—¿Cómo desearías ganarte este domingo que viene? —le pregunté al final.
—Primero y principal, que los vecinos vayan a votar. No perdamos este acto democrático como ciudadanos. Tal como lo dijo Pablo, se pone en juego nuestra democracia. Y que sepan qué es lo que se vota el 1 de noviembre: no se elige intendente, no se elige concejales, y eso es importante que los vecinos lo sepan.
Quedó una mesa con cartas dadas vuelta, un par de copas vacías y tres candidatos que se fueron como llegaron, tranquilos, de buen humor y convencidos de que el domingo se juega la mano grande. En el truco, como en la política, nadie sabe qué tiene el otro hasta que lo muestra. Esta vez, por lo menos, los tres mostraron las cartas antes de levantarse.