Por: Bache3000
Las cartas estaban nuevas. Se notaba en cómo se pegaban entre sí, en cómo resbalaban sobre la mesa, en la risa de Josefina Elizondo cuando dijo que eran tan nuevas como lo que ellas pretendían. El cronista de Bache3000 se presentó como jugador profesional y enseguida, cuando le preguntaron por las sumas, se corrigió: hacía rato que no jugaba. Después dijo que no jugaba nunca. Así empiezan las derrotas que terminan siendo victorias, o al revés.
La idea era sencilla: jugar con la carta. Una cosa es la Carta Orgánica de Bariloche, que se reforma cada veinte años, y otra la baraja española, que no se reforma nunca. Pero en las dos se puede mentir, y en las dos se descubre quién miente.
Elizondo es abogada y tercera en la lista. En la primera mano le vino flor. En la segunda, también. “No estaba arreglado, ¿eh?”, aclaró, como si alguien lo hubiera preguntado. El cronista miró las cartas, miró a la candidata y dijo lo único que se puede decir en esos casos: que Fuerza Bariloche venía con suerte.
Entre mano y mano llegó la primera pregunta: cuál de todas las propuestas le cambiaría la vida a un barilochense.
—Saber que formamos parte de un gobierno mayor y reclamar lo que nos corresponde —dijo Elizondo—. Hay obras que son deudas históricas, como el vertedero, que no vamos a poder hacer con las tasas municipales.
Explicó que una ley provincial prohíbe la basura a cielo abierto, y que por eso la provincia tiene que involucrarse para cerrar el vertedero, remediarlo y trasladarlo a un sitio regional. Después vinieron los números, que en la boca de una abogada suenan a alegato: Bariloche recibe más de un millón y medio de turistas al año, aporta cerca del 30 por ciento de lo que la provincia recauda en patentes, impuesto inmobiliario e ingresos brutos, y recibe de vuelta un 18 o 19 por ciento.
—Nosotros producimos y entregamos, pero no nos viene en devolución —dijo—. Con un fondo de reparación histórica podemos hacer las grandes obras que Bariloche necesita.
El cronista le marcó la diferencia con otras ciudades. Ella no dejó pasar la carta.
—Cipolletti recibe mucho más dinero de coparticipación que Bariloche, justamente por el vínculo de su intendente con el gobernador. Y no recibe los turistas. Viedma, Roca y Cipolletti no tienen el colapso de servicios que tenemos nosotros. El lema de Fuerza Bariloche es venga quien venga: no importa qué gobernador o qué intendente esté, hay que reclamar.
Quiso que ese reclamo quedara escrito como una obligación indelegable para los intendentes y los concejos deliberantes que vengan.
Hubo una pausa para mezclar. Ella mezcló poco. El cronista se lo hizo notar y le preguntó si no sería una metáfora de su ánimo, un poco mezcladito. “Pero salieron todos iguales, ¿viste?”, contestó ella, y en eso estaba hablando de la lista. Contó que la encabeza Andrea Galaverna, médica de terapia intensiva y ex defensora del pueblo, que hay un brigadista del SPLIF, gente de la Junta de Salud. El cronista recordó que a uno de ellos, Tomás, le habían ganado un partido de fútbol. Que lo habían humillado.
—Fue la edición, me parece —dijo Rimoldi.
Volvió a cantar truco. El cronista no quiso: no la había visto mentir. Y vino la segunda pregunta, si había propuestas de otros espacios con las que pudieran coincidir.
—Creo que todos coincidimos en el incumplimiento que tuvo la Carta Orgánica en estos 20 años. Es doloroso, es lamentable. Nosotros tenemos una propuesta concreta: el control de cumplimiento de la Carta Orgánica. Así, clarito.
—¿Cómo se hace eso?
—Que esté a cargo de la comunidad de manera constante, no esperar veinte años para darnos cuenta qué está pasando. Y que haya sanciones concretas para los intendentes y concejales que no la cumplan.
Después apuntó al organismo que, según dijo, todas las listas cuestionan salvo la oficialista:
—Hay que cambiar el Tribunal de Contralor. Nadie se controla a sí mismo. Nuestra propuesta es que lo integren las minorías, con profesionalización y concurso de antecedentes.
El cronista repreguntó lo obvio: qué pasa si las minorías usan el control como herramienta política.
—¿Qué puede ser más riesgoso que un controlado que se controle a sí mismo? Ningún sistema es perfecto. Pero es menos peligroso que lo que nos ha sucedido.
Habló también de una ficha limpia de los actos de gobierno: que sean públicos, transparentes, con trazabilidad y vinculados a un funcionario que se haga responsable.
Hubo empate y hubo desempate. Ella cantó veintiséis y no mintió. El cronista tenía veinte. “Ganaste, ganaste, ganaste”, dijo, y aceptó la derrota con la elegancia de los que todavía guardan una carta.
Le tocó a Julieta Rimoldi. Viene del sector empresario, se afilió a Fuerza Bariloche y es la primera vez que participa en política. Contó por qué dijo que sí:
—Si alguien te convoca a generar las reglas de los próximos 20 años, tenemos una obligación moral de decir que sí.
Miraba las cartas como quien mira una planilla. El cronista le pidió que hablara de la ciudad desde su lugar.
—Bariloche tiene un sector privado muy proactivo, y hay que potenciarlo. El turismo es la actividad principal, pero tenemos ciencia y técnica que podríamos estar articulando mejor. Lo que le falta a Bariloche es pensar cómo generar puestos de trabajo para los chicos y chicas que viven acá, para que no se tengan que ir. Todo es un círculo: si la gente tiene trabajo y a las empresas les va bien, se pagan los impuestos y hay presupuesto para infraestructura y servicios.
Cantó envido. Dudó antes. El cronista quiso solo para saber si mentía. Veintisiete. No mentía. Después cantó truco y él no quiso. Fuerza Bariloche se puso cuatro a cero.
En la mesa apareció el mate. El cronista confesó que no había almorzado y que sospechaba que le habían puesto algo para debilitar sus fuerzas. “Es la Fuerza Bariloche”, le dijeron las dos casi a coro. “Fuerza de transformación”, agregó Elizondo, que no deja pasar una.
—Hay que jugar con lo que te toca —dijo el cronista, que venía perdiendo—. Es como una alegoría de la próxima elección.
—Una alegoría de la vida —corrigió Rimoldi.
Entonces llegó la pregunta por los jóvenes.
—Para la juventud, uno de los principales temas es el trabajo: que se puedan incorporar al mercado laboral y formarse en las cosas que Bariloche necesita. Y el boleto estudiantil. Hoy está garantizado por una ordenanza y se discute gobierno tras gobierno. Queremos que se deje de discutir y que quede garantizado en la Carta Orgánica.
Recordó que la ciudad recibe unos 150 mil jóvenes por año con el turismo estudiantil, y que la reforma es para los que hoy tienen entre 15 y 18 años. Por eso, dijo, abrieron un espacio en la Semana de la Juventud para escucharlos.
Ahí cambió la suerte. El cronista cantó envido con veintinueve contra veintiséis. Cuatro a cuatro. Elizondo lo acusó de mentir porque iba perdiendo y necesitaba el todo o nada. No mentía. Recordó, de paso, que en Bache nunca había perdido un desafío. Hubo un truco en el que se definía todo, Rimoldi miró un dos que no servía para nada, un seis, un tres. “Que sí, que no, le habla a Dios”, narró el cronista. No quiso. Él mostró las cartas. Hubo aplausos.
Ganó Bache3000. Pero el cronista admitió que hubo cierta coherencia en el desarrollo, que es lo más parecido a un elogio que se le puede hacer a un rival.
Quedaba la última pregunta: si mañana fueran las elecciones y todo dependiera de un mensaje, qué les dirían a los barilochenses.
—Que confíen en Fuerza Bariloche porque somos personas que nos preparamos y estamos comprometidas con la comunidad desde hace mucho —dijo Elizondo—. No basta con tener herramientas para el control. Nos tenemos que apropiar de esas herramientas, como también de ser parte de una provincia reclamando lo que nos corresponde.
Rimoldi pidió primero que la gente vaya a votar.
—Son las reglas de los próximos cinco gobiernos, no del próximo. No estamos decidiendo intendente ni concejales: estamos decidiendo qué tipo de ciudad queremos.
—Y además saben jugar al truco —dijo el cronista.
—Y además sabemos jugar al truco —dijo ella.
Las cartas quedaron sobre la mesa, nuevitas todavía. La Carta, la otra, sigue esperando.