Por: Bache3000
Con el 100% de las mesas escrutadas, Estamos Haciendo Bariloche se quedó con ocho de las quince bancas y obtuvo la mayoría propia en la Convención que reformará la Carta Orgánica. La victoria se explica por la capacidad de movilizar un caudal que ya era suyo en una elección donde fue a votar apenas la mitad del padrón, mientras sus rivales no lograron repetir los votos de octubre.
Conviene empezar por el dato que ordena todo lo demás: votó el 51 por ciento del padrón, es decir 58.685 de 115.415 electores, contra el 69 por ciento aproximado que había ido a las urnas en octubre de 2025. La elección constituyente fue, antes que nada, una prueba de quién conseguía sacar a su gente de la casa en un domingo sin demasiadas ganas. Estamos Haciendo reunió 19.994 votos, el 34 por ciento de los emitidos y más del doble que Fuerza Bariloche, y con eso quedó con ocho de las quince bancas, una mayoría propia que la hace dueña de la discusión.
El número cobra otro sentido cuando se lo compara con lo que Cortés y el oficialismo provincial vienen sacando en la ciudad. En las provinciales de abril de 2023, Weretilneck había ganado en Bariloche con alrededor del 36 por ciento (sumado los 20 mil más la alianza con la UCR y PJ). Cinco meses después, Cortés se quedó con la intendencia con 12.977 votos, el 19,6 por ciento, y la entonces gobernadora Arabela Carreras, candidata de Juntos Somos Río Negro, quedó segunda con 10.111, de modo que entre ambos sumaban unos 23.000. En octubre de 2025, Juntos Defendemos Río Negro, con Cortés adentro, juntó unos 18.000 votos y quedó tercero. Ahora la alianza entre el intendente y el gobernador volvió a acercarse a los 20.000 con muchísima menos gente en las urnas, lo que confirma que el piso existía y que lo difícil era movilizarlo en un escenario de apatía.
Del otro lado quedó la cuenta que más duele. La Libertad Avanza había superado los 24.000 votos en octubre y esta vez obtuvo 7.170, mientras que el peronismo, que había pasado los 27.000, quedó en 9.465 con Fuerza Bariloche. Ni uno ni otro pudo interpelar a su electorado, y no alcanza con explicarlo por las circunstancias nacionales de cada fuerza, que existen y pesan, porque en una contienda hiperlocal el voto que se había ordenado detrás de una marca nacional no viajó hacia una lista de convencionales. Tiene su ironía que Weretilneck, quien en octubre lamentaba que el voto se hubiera nacionalizado por completo, hoy esos mismos guarismo le sobraran para propinar una paliza.
La segunda clave es el mensaje, y acá la virtud estuvo en la simplicidad, porque Cortés puso en el centro de la campaña las obras que mostró y las que promete hacer. Esa idea, muy sencilla y muy potente, funcionó como un imán para convocar al electorado a ir por más y construyó una valoración positiva de la gestión municipal que nadie le discutió con demasiada eficacia. Mientras la Carta Orgánica es un asunto difícil de explicar en una esquina, la calle pavimentada se explica sola, y eso permitió transformar una elección constituyente en un plebiscito sobre lo que se ve, que es el terreno donde el que gobierna y exhibe resultados juega de local.
El debate discursivo dplanteado por Cortés fue: yo quiero que vivan bien hoy, ahora. Los demás, le prometían cambiar las reglas para un futuro lejano, impalpable, difuso. El elector, acostumbrado a las redes sociales, quiere todo ahora. Acá. En este mundo.
Sería un error concluir que los demás carecieron de eje, porque Fuerza Bariloche planteó con claridad las reglas para el futuro y La Libertad Avanza apostó a la ficha limpia, el ajuste, el recorte del gasto y la transparencia, consignas perfectamente comprensibles que sin embargo no tuvieron el gancho necesario para que sus propios electorados se sintieran interpelados, hasta el punto de que Fuerza Bariloche perdió votantes que terminaron en Estamos Haciendo. Primero Río Negro, Podemos, Sumar Más Bariloche, PAVE, UCR-ARI (entre otros), por su parte, pusieron el acento en ganchos que no se percibieron como vinculantes a lo que estaba en juego. La figura de veterano de guerra, la planificación, la importancia de "las reglas", el voto a través de celular, la reelección, fueron mensajes sin la incapacidad de incidir, de conectar y de movilizar a la propia base, en una elección en la que además nadie calculó cuán baja iba a ser la concurrencia.
A esto se sumó la diferencia de método, ya que la mayoría de los partidos, y entre ellos La Libertad Avanza y Fuerza Bariloche, hicieron una campaña casi exclusivamente en redes sociales, mientras que Cortés hizo redes, pero también puso militancia en la calle (mostró cercanía), repartió volantes y sostuvo una presencia territorial constante, apoyada sobre cosas que efectivamente se ven. En una elección con poca gente, el que va a buscar a los suyos de a uno tiene una ventaja que ningún algoritmo compensa.
Hay además una clave incómoda para la política tradicional: los candidatos importaron poco. Los de Estamos Haciendo prácticamente no hablaron, mientras que los de Fuerza Bariloche, La Libertad Avanza, Primero Río Negro, la izquierda y todos los demás sí lo hicieron, y a pesar de esa diferencia de exposición el resultado fue el que fue. Ni siquiera una polémica como la de Adrián Grau, cuyas publicaciones sobre Videla provocaron el repudio de organismos de derechos humanos y una denuncia penal por apología del terrorismo de Estado, alcanzó para correr el eje de la elección. Eso sugiere que el público conectó con otra cosa, con la idea de que él está haciendo y puede seguir haciendo si la reforma se realiza en el sentido que planteó, y que en ese esquema la figura central fue una sola, la del propio Walter Cortés.
La izquierda es el contraejemplo útil, porque fue la única que también movilizó a su propia base, hablando de cómo acceder a una vivienda, del peligro que supone la venta de tierras y de lo que critica del gobierno municipal desde su óptica, y lo hizo sin pretender convencer a nadie más. Dividida pagó el precio: el Frente de Izquierda de los Trabajadores sacó 3.538 votos y consiguió una banca, mientras que el Frente de Izquierda por el Socialismo, con 1.492, quedó afuera. Sumados llegaban a 5.030, más de lo que juntó Seamos Futuro (4.208), y habrían sido la cuarta fuerza de la elección.
Hay todavía otros factores que completan el cuadro. Cortés controló el calendario y la agenda, porque fue él quien impulsó la convocatoria y le ganó la pulseada al Concejo para votar el 1° de noviembre, de manera que el terreno y la fecha los eligió quien mejor los conocía. La alianza con Weretilneck cerró un frente de conflicto y sumó estructura provincial. Y el voto opositor llegó disperso a trece listas que no se hablaban entre sí: las ocho que quedaron sin banca sumaron 11.576 votos, casi uno de cada cinco de los emitidos, sin que esa suma llegara a constituir una alternativa.
Con este resultado, Cortés y Weretilneck llegan a la discusión de 2027 con la foto que buscaban. El propio intendente lo anticipó en su discurso de la noche electoral, cuando planteó que «el año que viene vamos a tener un vendaval de elecciones». A los demás les queda resolver cómo convertir un mensaje claro en votos que efectivamente salgan a la calle antes de que esa discusión empiece.