sábado 07 de noviembre de 2026 - Edición Nº632

El Bardo de Siempre | 7 nov 2026

HABLÓ DE CORTÉS

Pesatti en Bariloche: distanciado de Weretilneck y sin apuro por definir su candidatura

09:06 |El vicegobernador rionegrino habló de su diferencia con el gobernador, de los adelantos electorales, de la integración de la provincia y del futuro del peronismo. También contó cómo fue su primer contacto con el Estado, cuando de adolescente trabajaba en las vacaciones de verano.


Por: Bache3000

De visita en Bariloche para participar de una entrega de premios de un programa cultural y literario, el vicegobernador de Río Negro, Pedro Pesatti, pasó por el programa "Yo te avisé", que conduce Marcelo Parra por FM Horizonte 94.5. En una charla distendida, que arrancó con las verdades peronistas, el titular de la Legislatura repasó su momento político, su relación con Alberto Weretilneck y con la intendenta de General Roca, María Emilia Soria, y dejó sus definiciones sobre la situación del país.

Se quedó con dos de las verdades peronistas que charlaron antes de la entrevista. ¿Cuáles y por qué?

Una es que el peronista no se tiene que sentir ni más ni menos que nadie, y que todo peronista que se siente más que otro deja de ser peronista y se convierte automáticamente en un oligarca. La otra es que hay que pensar siempre en la felicidad del pueblo. Perón tenía una concepción del Estado que no adhería a la idea de que nos organizamos para defendernos del otro, sino para liberarnos del dolor y ser felices, y eso es además muy cristiano. Creo que lamentablemente esas verdades se leyeron siempre de manera demasiado dogmática, se las llenó de bronce y con eso se les quitó potencia. Son recomendaciones muy sabias, formuladas en un lenguaje llano que puede entender cualquiera, como mis abuelos, que eran analfabetos y las entendían mejor que nadie. Y cuando el pueblo está feliz, todo lo demás viene solo: el desarrollo de la economía, de la ciencia, de la tecnología. A nivel personal pasa lo mismo, porque cuando uno está contento es más fácil trabajar, aprender y construir amistades.

¿Es un hombre religioso?

Soy una persona de fe, por supuesto, y ex alumno de un colegio marista en Viedma. A veces soy muy crítico de cuestiones de la propia Iglesia, pero sin perder esa mirada cristiana sobre la vida, que se la debo a la formación que recibí y por la que me siento muy agradecido.

¿Cómo vive este momento en el que es parte del gobierno, pero todo el mundo sabe que hay tironeos y poca fluidez con el gobernador?

No me gusta, me gustaría vivir otro momento. Pero no tengo rencor ni odio contra nadie. Hoy estoy muy distanciado del gobernador, diría que en puntos de vista totalmente opuestos, aunque en lo personal lo sigo apreciando y ojalá algún día podamos reconstruir una relación de amistad. Tengo que aceptar también que capaz soy yo el que está más equivocado.

Se dice que el gobernador va a adelantar las elecciones y que eso movería todo el tablero provincial. ¿Cómo lo vive?

Con tranquilidad, porque hace rato aprendí a gobernar dos cosas: la ambición y la ansiedad. No me gobiernan ni una ni otra, así que no me desespero por nada. No existe nada que valga la pena para volverse loco, es mejor ser equilibrado y cuerdo. La fecha que la ponga cuando quiera, no es un tema que me esté quitando el sueño.

¿Tiene algún acercamiento con María Emilia Soria o con algún sector del peronismo?

A María Emilia la conocí hace poco, nos conocíamos de vista o de intercambiar un saludo. Yo tengo una historia compartida con su padre, con quien hicimos dos campañas pegados, uno al lado del otro. Hace un mes y medio ella me visitó y charlamos dos horas, y fue la primera vez en nuestras vidas que hablamos. Con Martín tengo una relación de amistad y de mucho respeto, y creo que también él conmigo.

Fue intendente y hoy es vicegobernador. ¿Cómo imagina su futuro?

Sirviendo a la provincia. Tengo una experiencia y un conocimiento que quiero poner a su servicio. Si mañana me tocara ocupar el cargo de gobernador, no tendría que pasar un año aprendiendo lo que hay que hacer, porque conozco el Estado íntegramente. A los 12 o 13 años ya buscaba un trabajo en las vacaciones de verano para tener unos pesos durante el año. Mi primer empleo fue en el taller gráfico del Boletín Oficial, como intercalador. Al año siguiente trabajé en el Consejo de Educación, en el área de control de fondos permanentes, y después en el Departamento Provincial de Aguas. Siempre estuve al lado de gente mucho más grande, que me enseñaba, y de otros pibes que trabajaban como yo. Hoy a mi viejo lo hubieran metido preso, pero en ese momento era bastante natural.

¿Dónde estudió?

En la Universidad Nacional del Sur y en la del Comahue.

Un oyente, Darío, dice que no hay forma de hacerle entender al gobernador que, con los avales que le da al Gobierno nacional, está dañando la provincia y la felicidad de la gente.

Bienvenido que haya otro que piense igual que yo. Por alguna razón tengo diferencias con el gobernador, y quizá parte de lo que dice el oyente forma parte de los argumentos por los que hoy no me siento identificado con la tarea que lleva adelante.

¿Qué lo trajo a Bariloche, de paseo o de trabajo?

Vine por un compromiso con una institución que entrega premios en el marco de un programa cultural y literario, que hacía rato me había pedido que estuviera. Hacía mucho que no venía. No quise venir durante el proceso electoral que vivió Bariloche porque me parecía un tema estrictamente de los barilochenses: la discusión de la Carta Orgánica es de los vecinos de acá y de nadie más. Ahora tuve la posibilidad, hay un montón de gente que quiere hablar conmigo y seguramente no voy a alcanzar a atenderla a todos, así que tendré que volver.

Walter Cortés y Weretilneck parecen dos vaqueros del oeste mirándose para ver quién desenfunda primero. ¿Qué ve usted?

La verdad es que conozco a los dos bastante. A Walter lo conozco de toda la vida, mucho antes que a Weretilneck. Una vez, cuando era re flaco, allá por el 90, aspiraba a ser secretario general del sindicato de empleados de comercio y se alojó unos días en mi casa en Viedma por unos trámites en la Secretaría de Trabajo. Justo apareció un compañero a pedirme sangre para una persona internada, y Walter, que era un palo vestido, dijo "yo doy". Fuimos los dos a donar. Se la bancó, pero lo jodía yo con eso. Lo conozco de toda la vida.

En Bariloche hay una sensación, desde la democracia, de estar muy lejos de la integración de Río Negro: lejos de Viedma, con un tren que se rompe y una ruta nacional abandonada. ¿Cómo lo ve?

Weretilneck definió como principal problema de la provincia el tema de la integración y en eso coincido con él. Pronto va a aparecer un libro que escribí sobre esto, tal como lo pensaba el doctor Castello y otros grandes políticos argentinos como Perón, Yrigoyen y Frondizi. Los procesos de integración son los que favorecen o no el desarrollo. Los seres humanos estamos determinados a integrarnos en unidades cada vez más complejas: la familia, el clan, la tribu, la ciudad, los estados nacionales, los bloques regionales. Para resumirlo uso una metáfora: uno tiende a pensar que el puente es consecuencia de la ciencia, pero en realidad la ciencia es consecuencia del puente, porque la necesidad de unir una orilla con la otra demandó el desarrollo de los conocimientos. Los gobiernos tienen que saber interpretar los procesos de integración de su tiempo. Eso está en los orígenes de Juntos Somos Río Negro, y en el libro incluyo la desgrabación del primer discurso que me tocó dar en la fundación del partido. En una provincia de más de 200.000 kilómetros cuadrados, con regiones tan distintas como la cordillera, el mar, los valles, la estepa y la meseta, creo que en una primera etapa logramos acortar distancias, pero hoy se han vuelto a alejar y tenemos que volver a trabajar en eso.

¿Qué anécdota tiene sobre esa identidad rionegrina?

Una vez, caminando por la calle Mitre hacia una pizzería, salieron tres señoras jubiladas docentes, me reconocieron y me pidieron una bandera de Río Negro. Pensé que la querían para la escuela, pero me dijeron que la querían para ellas, como rionegrinas. Me emocioné, porque había en esa expresión un rasgo de la identidad común que todavía tenemos que seguir construyendo. Otra vez, en el Cerro Catedral, una vendedora que era de Mar del Plata me preguntó si yo era de Viedma y después me preguntó dónde queda.

Usted conoció Bariloche como joven militante de la Juventud Peronista y hoy tiene buen vínculo tanto con Axel Kicillof como con Cristina Kirchner. ¿Cómo imagina que el peronismo resolverá lo que le está pasando?

Creo que el peronismo tiene un deber histórico de resolver cualquier diferencia que pueda obturar la posibilidad de llegar al Gobierno el año que viene. Me resulta muy difícil imaginar una Argentina que continúe el proceso político, económico y social que hoy lidera Milei, o quien lo reemplace hasta 2031. Si eso sucede, la Argentina que más de uno soñó, con condiciones para garantizarle felicidad a todo el pueblo, va a desaparecer para siempre. Vamos a tener un país donde algunos vivirán muy bien y los de arriba triunfarán definitivamente sobre los de abajo. La pelea de fondo no es entre peronistas y antiperonistas, ni entre kirchneristas y no kirchneristas, ni entre izquierda y derecha. Es entre los diez o quince vivos que se la están llevando toda con el RIGI y el súper RIGI, y los de abajo, que cada vez están peor. Hay 121.000 jubilados pasando hambre, de los cuales la mitad vive un infierno cotidiano porque no puede comer ni curarse. En Cipolletti hubo una pareja de jubilados que planificó suicidarse y uno de ellos murió. Y en un país donde la primera causa de muerte entre los jóvenes menores de 34 años es el suicidio, esto no es joda. Los de arriba, a quienes hay que ponerles nombre porque son los verdaderos dueños de la pelota, tienen capacidad para silenciar muchas cosas que, si el pueblo conociera, lo harían estallar de furia contra ellos. Hoy lograron que esa bronca se dirija contra el vecino que se compró un auto mejor o una bicicleta nueva, y se cree que la causa de la desigualdad es el de al lado y no el de arriba. Ojalá podamos reunir a los de abajo en un frente común, con la justicia social como causa. Juan XXIII decía que la paz es fruto de la justicia: si no hay justicia social, tampoco hay libertad cuando las diferencias son tan grandes. Ningún argentino sueña con ser millonario, sueña con poder realizarse y ser feliz junto a sus hijos y a sus viejos.

Hace poco habló con Cristina Kirchner. ¿Qué vio?

Ella me invitó a su casa, que es su prisión. Vi a una mujer íntegra, que está presa por lo que piensa y por las cosas que hizo y que a los de arriba no les gustaron nada: abrió los juicios a los militares, echó al Fondo Monetario, buscó que el de abajo tuviera un poco más en el bolsillo y que el jubilado estuviera mejor, con acceso a remedios.

¿No hubo errores también?

Seguramente, y soy bastante crítico de muchas cosas que hizo el kirchnerismo y que explican, lamentablemente, por qué hoy tenemos a Milei en el Gobierno. Pero cuando uno pone las cosas en la balanza, hay que ser muy sesgado para no advertir que los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner significaron una mejora en la calidad de vida de muchas personas y el acceso a derechos impensables tiempo atrás. Se crearon universidades nacionales que permitieron estudiar a muchos pibes. Acá mismo, en Bariloche, las inversiones del Gobierno nacional en INVAP, en el Balseiro y en el Centro Atómico se duplicaron, y eso incluyó edificios, aparatología, formación de nuevos profesionales y nuevas carreras como Ingeniería en Telecomunicaciones. Podría estar toda la mañana citando cosas. Lo que sí es claro es que está presa por sus ideas y por las cosas que hizo a partir de ellas. Todo lo demás es un cuento chino.

Se lo vio en redes en la fórmula "Silvina y Pedro, Pedro y Silvina". ¿Va a ser candidato a gobernador?

Cuando haya fecha de elecciones vamos a decir lo que vamos a hacer. Por ahora no vamos a hacer anuncios que no tengan sustento en la realidad. Sé que todo el tiempo me preguntan qué voy a hacer, pero la verdad es que no estoy desesperado por decir nada hasta que sea el momento, si es que hay que decir algo. Lo que sí creo es que tengo la obligación de participar en el proceso político de mi provincia, porque a ella me debo y lo siento así.

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